domingo, agosto 14, 2022

La urgente necesidad de arreglar nuestros sistemas de alimentación fallidos

De obligada lectura

En varios países los precios de los alimentos están subiendo a máximos históricos a causa de factores como el cambio climático, los conflictos violentos, la pandemia del covid-19 y las disrupciones en las cadenas de suministro.

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Esta tormenta perfecta ha expuesto las ineficiencias y fallos de los sistemas de suministro globales, haciendo que algunos adviertan de una inminente crisis alimentaria.

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En septiembre pasado, una cumbre de las Naciones Unidas reunió a actores clave de los ámbitos de la alimentación y la agricultura, produciendo nuevos compromisos nacionales e internacionales para mejorar los sistemas alimentarios para la gente y el planeta. Las cinco vías de acción de la cumbre identificaron potentes soluciones para acabar con el hambre y la malnutrición, y asegurar la sostenibilidad ambiental a lo largo de las cadenas de suministro alimentario.

Los gobiernos y las empresas tuvieron una oportunidad ideal -muy poco antes de la Conferencia sobre el Cambio Climático (COP26) de la ONU, celebrada en Glasgow en noviembre- para actuar decididamente para transformar los sistemas alimentarios.
Esa oportunidad no se aprovechó. Pero con el tiempo agotándose en el crítico Decenio de Acción sobre la Nutrición de la ONU, que abarca de 2016 a 2025, debemos medir los avances en meses, no años… y la COP26 en gran medida relegó los sistemas alimentarios a los márgenes.

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En las negociaciones climáticas de la ONU, el carbón, los carros, los árboles, el cemento y el acero -y el dinero- siguen captando la atención política y mediática, mientras que, en general, se pasa por alto la urgente necesidad de cambiar la manera en que producimos y consumimos nuestros alimentos.

Poco ecológicos

Esto es de una miopía extrema, dado que los sistemas alimentarios son responsables de un tercio del total de emisiones globales de gases de efecto invernadero. Incluso si todos los demás sectores alcanzaran las cero emisiones netas mañana, sería imposible limitar el calentamiento global a 1,5 grados Celsius sin un cambio importante en nuestros sistemas alimentarios.

En la actualidad, los sistemas alimentarios consumen un 70 por ciento de los recursos de agua dulce, cubren un 40 por ciento de las tierras no congeladas del planeta y son un factor primario de la deforestación, la extinción de miles de especies y el colapso de los ecosistemas de los que dependemos.

Al mismo tiempo, los sistemas alimentarios tampoco están logrando su principal objetivo, nutrir a la creciente población mundial. Los rápidos aumentos en las cifras del hambre y la malnutrición, agravados por las perturbaciones causadas por la pandemia de covid-19 y los crecientes índices de pobreza, están borrando una década de avances.

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Como resultado, tres mil millones de personas no se pueden permitir una dieta saludable y nutritiva, y millones están en riesgo de muerte, enfermedad y deterioros físicos y cognitivos. Hay un amplio temor de que la guerra de Ucrania agrave la inseguridad alimentaria de los países en desarrollo.

13,6 millones de niños menores de cinco años que hoy sufren de emaciación grave, lo que provoca una de cada cinco muertes en este grupo de edad

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