lunes, agosto 8, 2022

Peligro inminente / Análisis de Ricardo Ávila

De obligada lectura

¿Qué tienen en común las enfermeras que trabajan en los hospitales de Zimbabue, los operadores de trenes en Gran Bretaña, los indígenas ecuatorianos, los camioneros de Corea del Sur o decenas de miles de ciudadanos iraníes que marcharon en la calle hace un par de semanas? Todos, sin excepción, han salido a protestar o cesaron sus actividades temporalmente para quejarse del costo de vida en sus respectivos países.

(Le puede interesar: ¿A qué se debió la escasez de dólares en casas de cambio?)

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Y esa forma parte de una realidad cada oportunidad más evidente, a la cual se suman docenas de ejemplos en múltiples puntos de la geografía global. En la medida en que la inflación sigue su curso y se consolida como el principal desafío para la mayoría de los gobiernos en los cinco continentes, las quejas de la gente no se han hecho esperar.

Como consecuencia, múltiples observadores pronostican turbulencias de todo tipo en el horizonte, muchas de ellas con consecuencias políticas significativas.

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